2025 Análisis del mercado: El Día de la Liberación, una rabieta del mercado y el toro al que no le importó

Si algo enseñó 2025 a los inversores fue lo siguiente: los mercados son dramáticos, pero no sentimentales.
Ha sido un año de fuertes sobresaltos, recuperaciones más rápidas y una creciente toma de conciencia de que el pánico suele salir caro, mientras que la paciencia, irritantemente, sigue siendo rentable. Los momentos decisivos llegaron pronto, en voz alta y ligeramente sin invitación.

Rebobinemos hasta el episodio titulado con optimismo Día de la Liberación.

Día de la Liberación: Cuando la liberación se pareció mucho al pánico

“Día de la Liberación” sonaba como un regalo. El mercado lo abrió e inmediatamente comprobó el recibo.

En lugar de libertad, los inversores recibieron aranceles, grandes, contundentes y abiertamente políticos. Las cadenas de suministro se sacudieron, las hipótesis comerciales se tambalearon y los mercados de renta variable respondieron en el único lenguaje que conocen cuando se ven sorprendidos: vender primero, analizar después.

La volatilidad se disparó. Los cíclicos se desvanecieron. Los comentaristas redescubrieron la palabra “estanflación” con inquietante entusiasmo. Durante algunas sesiones, dio la sensación de que el riesgo político se había reafirmado como protagonista.

Y entonces, casi inoportunamente, el mercado se calmó.

¿Por qué? Porque una vez pasado el shock, los inversores hicieron lo que siempre hacen cuando el miedo se agota: echar números. Los aranceles eran inflacionistas, sí, pero también negociables. El crecimiento se vio afectado, no destruido. Y lo que es más importante, los balances de las empresas eran lo suficientemente sólidos como para absorber las molestias.

El Día de la Liberación no liberó a los mercados, los puso a prueba. Y una vez superada la prueba, la confianza volvió con interés.

El mercado alcista: El drama no impresiona

La manifestación que siguió no fue cortés. Fue implacable.

Este mercado alcista tuvo un rasgo inusual: se negó a entrar en pánico dos veces. Cada bamboleo relacionado con los aranceles se convertía en una oportunidad de compra. Cada susto macroeconómico recibía la misma respuesta: “enséñame los beneficios”.”

Y aparecieron las ganancias.

La IA dejó de ser una palabra de moda para convertirse en una historia de márgenes. Los aumentos de productividad pasaron de las diapositivas de las conferencias a los informes trimestrales. La tan temida recesión se convirtió en la más rara de las criaturas económicas: la que nunca llegó.

Las valoraciones se estiraron, como siempre ocurre cuando el optimismo se acomoda, pero no se trataba de una exuberancia ciega. Era un mercado que ponía precio a la durabilidad, no a la perfección.
El toro no embistió se inclinó hacia delante y siguió caminando.

 

Oro y plata: Pánico primero, validación después

Si la renta variable se encogió de hombros el Día de la Liberación, los metales preciosos no esperaron para tranquilizarse.

El oro subió cuando los aranceles reavivaron un viejo temor: que el riesgo político viaja más rápido que la claridad política. Los bancos centrales, que ya eran entusiastas compradores, redoblaron la apuesta. Los inversores recordaron que el oro no es sinónimo de crisis, sino de credibilidad. Y la credibilidad, una vez cuestionada, exige una prima.

Silver le siguió con menos gracia y más entusiasmo.

La demanda industrial chocó con la ansiedad monetaria, y la plata escapó por fin a su antiguo papel de prima olvidada del oro. La escasez de oferta, las infraestructuras ecológicas y el impulso especulativo se combinaron en un repunte que fue de todo menos sutil.

El oro hizo historia.

Silver hizo ruido.

Ambos tenían sentido.

Una visión más amplia: Un mercado con una mecha corta y una memoria larga

Lo que definía 2025 no era la serenidad, sino la resistencia.

Los mercados entraron en pánico al verse sorprendidos.

Recuperado cuando se le informó.

Y se recuperó cuando se le convenció.

Los inversores no ignoraron los riesgos; simplemente dejaron de dejar que dominaran las carteras. Las tensiones comerciales, la carga de la deuda y la incertidumbre geopolítica se mantuvieron, pero se convirtieron en variables, no en veredictos.
La renta variable creció.

Metales entregados de confianza.

Cash finalmente recordó que estaba destinado a ser desplegado.

Reflexión final: El drama es temporal, las tendencias no

El Día de la Liberación nos recordó que los mercados odian más la incertidumbre que las malas noticias. El rally alcista demostró que los fundamentos siguen importando. El oro y la plata confirmaron que la confianza, una vez sacudida, nunca se restablece del todo, sólo se revaloriza.

2025 fue ruidoso. Ocasionalmente absurdo. Y sorprendentemente constructivo.

¿La lección?

Los mercados pueden entrar en pánico con los titulares, pero invierten en resultados.

Y en 2025, ganaron los resultados.

En fin, hasta la próxima, ¡todos a operar con seguridad!

Por James Trescothick
Jefe de Investigación y Análisis de Mercados

Descargo de responsabilidad por riesgos: Esta información tiene únicamente fines educativos y no constituye asesoramiento en materia de inversión. Los mercados financieros entrañan riesgos, y las rentabilidades pasadas no son indicativas de resultados futuros. Realice siempre su propia investigación y busque asesoramiento profesional antes de tomar decisiones de inversión.